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Los destiladores de naranjas - Quiroga Horacio

El hombre apareció un mediodía, sin que se sepa cómo ni por dónde. Fue visto en todos los bolichea de Iviraromí, bebiendo como no se había visto beber a nadie, si se exceptúan Rivet y Juan Brown. Vestía bombachas de soldado paraguayo, zapatillas sin medias y una mugrienta boina blanca terciada sobre el ojo. Fuera de beber, el hombre no hizo otra cosa que cantar alabanzas a su bastón -un nudoso palo sin cáscara-, que ofrecía a todos los peones para que trataran de romperlo. Uno tras otro los peones probaron sobre las baldosas de piedra el bastón milagroso que, en efecto, resista a todos los golpes. Su dueño, recostado de espaldas al mostrador y cruzado de piernas, sonreía satisfecho. Al día siguiente el hombre fue visto a la misma hora y en los mismos boliches, con su famoso bastón. Desapareció luego, hasta que un mes más tarde se lo vio desde el bar avanzar al crepúsculo por entre las ruinas, en compañía del químico Rivet. Pero esta vez supimos quién era.

Las rayas - Quiroga Horacio

...-"En resumen, yo creo que las palabras valen tanto, materialmente, como la propia cosa significada, y son capaces de crearla por simple razón de eufonía. Se precisará un estado especial; es posible. Pero algo que yo he visto me ha hecho pensar en el peligro de que dos cosas distintas tengan el mismo nombre." Como se ve, pocas veces es dado oír teorías tan maravillosas como la anterior. Lo curioso es que quien la exponía no era un viejo y sutil filósofo versado en la escolástica, sino un hombre espinado desde muchacho en los negocios, que trabajaba en Laboulaye acopiando granos. Con su promesa de contarnos la cosa, sorbimos rápidamente el café, nos sentamos de costado en la silla para oír largo rato, y fijamos los ojos en el de Córdoba.

Juan Darien - Quiroga Horacio


Aquí se cuenta la historia de un tigre que se crió y educó entre los hombres, y que se llamaba Juan Darién. Asistió cuatro años a la escuela vestido de pantalón y camisa, y dio sus lecciones correctamente, aunque era un tigre de las selvas; pero esto se debe a que su figura era de hombre, conforme se narra en las siguientes líneas.
Una vez, a principio de otoño, la viruela visitó un pueblo de un país lejano y mató a muchas personas. Los hermanos perdieron a sus hermanitas, y las criaturas que comenzaban a caminar quedaron sin padre ni madre. Las madres perdieron a su vez a sus hijos, y una pobre mujer joven y viuda llevó ella misma a enterrar a su hijito, lo único que tenía en este mundo. Cuando volvió a su casa, se quedó sentada pensando en su chiquillo.

El vampiro - Quiroga Horacio


-Sí-dijo el abogado Rhode-. Yo tuve esa causa. Es un caso, bastante raro por aquí, de vampirismo. Rogelio Castelar, un hombre hasta entonces normal fuera de algunas fantasías, fue sorprendido una noche en el cementerio arrastrando el cadáver recién enterrado de una mujer. El individuo tenía las manos destrozadas porque había removido un metro cúbico de tierra con las uñas. En el borde de la fosa yacían los restos del ataúd, recién quemado. Y como complemento macabro, un gato, sin duda forastero, yacía por allí con los riñones rotos. Como ven, nada faltaba al cuadro.
En la primera entrevista con el hombre vi que tenía que habérmelas con un fúnebre loco. Al principio se obstinó en no responderme, aunque sin dejar un instante de asentir con la cabeza a mis razonamientos. Por fin pareció hallar en mí al hombre digno de oírle. La boca le temblaba por la ansiedad de comunicarse.

El tigre - Quiroga Horacio


Nun­ca vi­mos en los an­imales de casa orgul­lo may­or que el que sin­tió nues­tra ga­ta cuan­do le di­mos a ama­man­tar una ti­grecita re­cién naci­da.
La ol­fateó lar­gos min­utos por to­das partes has­ta volver­la de vien­tre; y por más largo ra­to aún, la lamió, la al­isó y la peinó sin parar mientes en el ron­qui­do de la fiere­cil­la, que, com­para­do con la que­ja maullante de los otros gati­tos, se­me­ja­ba un trueno.

El perro rabioso - Quiroga Horacio



Esta obra es parte de una colección de relatos en los que la tragedia, la enfermedad, las obsesiones, el vicio y la locura son los temas recurrentes. Con un estilo sencillo, sugerente y persuasivo, el autor exhibe la trágica debilidad del ser humano ante las fuerzas que lo determinan y, en la mayor parte de los casos, lo aniquilan. Este cuento es una muestra brillante de su prosa natural y clara, de su gran creatividad y de la fuerza con que aparece la naturaleza americana. La selva es la realidad que lo abarca todo; los animales son el eje de la historia y la intención moralizadora está sabiamente sugerida, nunca explícita. Muchos han querido ver en los cuentos de este autor enfoques que anticipan el ecologismo. Esta obra, de un vigoroso realismo, es entregada con sencillez e imaginación en la típica atmósfera de alucinación, crimen, locura y estados delirantes que pueblan las narraciones de Quiroga.

El paso del yabebiri - Quiroga Horacio


En el río Yabebirí, que está en Misiones, hay muchas rayas, porque «Yabebirí» quiere decir precisamente «Río-de-las-rayas». Hay tantas, que a veces es peligroso meter un solo pie en el agua. Yo conocí un hombre a quien lo picó una raya en el talón y que tuvo que caminar rengueando media legua para llegar a su casa: el hombre iba llorando y cayéndose de dolor. Es uno de los dolores más fuertes que se puede sentir.

El loro pelado - Quiroga Horacio


Había una vez una bandada de loros que vivía en el monte.
          De mañana temprano iban a comer choclos a la chacra, y de tarde comían naranjas. Hacían gran barullo con sus gritos, y tenían siempre un loro de centinela en los árboles más altos, para ver si venía alguien.
         Los loros son tan dañinos como la langosta, porque abren los choclos para picotearlos, los cuales, después se pudren con la Lluvia. Y como al mismo tiempo los loros son ricos para comerlos guisados, los peones los cazaban a tiros.

El hombre muerto- Quiroga Horacio


Aunque Horacio Quiroga se conoce como criollista por antonomasia, también merece el honor de haber escrito tal vez el primer cuento mágicorrealista, no sólo de la América Latina sino del mundo entero. Publicado por primera vez el 27 de junio de 1920 en el diario porteño La Nación, “El hombre muerto” comparte varios rasgos con la pintura mágicorrealista europea y norteamericana que irrumpe hacia 1918 como reacción contra el expresionismo. Por ejemplo, veamos el cuadro pintado en 1928 por el alemán Franz Radziwill, Accidente fatal de Karl Buchstätter. Aunque se trata de la muerte de un famoso piloto alemán, cuyo avión ya empezó a caer, el cuadro no tiene nada de dramatismo. El avión más bien parece suspendido en el centro del cielo en la parte superior del lienzo sin llamas ni humo. No se turba en absoluto la tranquilidad del paisaje rural pintado con una gran precisión en la parte inferior. Los paralelismos entre la pintura y la literatura respecto a este tema se refuerzan en el poema “Paisaje con la caída de Ícaro” (1954) del autor norteamericano William Carlos Williams, que describe sin emoción el cuadro pintado en 1555 por Breughel.

El espectro - Quiroga Horacio


 El relato “El espectro”  se construye a partir de la relación amorosa que surge entre Enid y Guillermo Grant, la cual prospera luego de la muerte del esposo de Enid, Duncan Wyoming. El tema del cine es el que permite replantear el imaginario sentimental y configura una nueva forma de presentar el erotismo; “El ciclo del enamoramiento y la pasión que la literatura sentimental había convertido en un poderoso impulso para la literatura consumida por el público medio y popular, se exaspera hasta un paroxismo de amor y muerte que remite a los ideales tardorrománticos y decadentistas”. (Sarlo, 1997:1279).

El desierto - Quiroga Horacio


Este es uno de los volúmenes publicados con ese título en vida de Quiroga, ya que muchos de los que circulan son "rearmados" artificialmente combinando cuentos de libros diversos.
Contenido:

El desierto

El conductor rápido - Quiroga Horacio


Desde 1905 hasta 1925 han ingresado en el Hospicio de las Mercedes 108 maquinistas atacados de alienación mental
Cierta mañana llegó al manicomio un hombre escuálido, de rostro macilento, que se tenía malamente en pie. Estaba cubierto de andrajos y articulaba tan mal sus palabras que era necesario descubrir lo que decía. Y, sin embargo, según afirmaba con cierto alarde su mujer al internarlo, ese maquinista había guiado su máquina hasta pocas horas antes.

El Almohadón de Plumas - Quiroga Horacio


Hay dos historias en el cuento: la historia de la desilusión de Alicia y la historia de su enfermedad y muerte. Amabas podrían funcionar de manera autónoma. La yuxtaposición de éstas, directa y sin conexiones explícitas por parte del narrador, lleva a la lectura interpretativa. La enfermedad comienza cuando ya se ha producido la desilusión, pero en el texto no hay ninguna conexión causal expresa.
Por otra parte, el cuento puede dividirse en cuatro partes estructurales

Anaconda - Quirago Horacio


El ser humano es un peligro para las serpientes y para la selva y, por eso, una de ellas convoca a las víboras y a las culebras a una asamblea en la que les revela que el hombre vive en las proximidades. Con esta presentación tan a ras de suelo, Horacio Quiroga obliga a sus lectores -grandes y chicos- a plantearse la sociedad de los seres vivos como la de una balanza que siempre se desequilibra por el lado de los humanos.

Anaconda se ha convertido en un relato de referencia para disfrutar de la obra de Quiroga y de sus brillantes recursos narrativos que atraparán a sucesivas generaciones de lectores.
Los siete relatos que conforman este volumen ofrecen la cruel realidad selvática y una visión amarga de la infancia que, a la vez, se presenta plena de inocencia y de justiciera venganza.