El alguacil endemoniado - Queve­do Vil­le­gas Francisco

Bi­en sé que a los ojos de V. Ex­ce­len­cia es más en­de­mo­ni­ado el au­tor que el su­je­to; si lo fuere tam­bién el dis­cur­so habré da­do lo que se es­per­aba de mis pocas le­tras, que am­para­das, co­mo dueño, de V. Ex­ce­len­cia y su grandeza, de­spre­cia­rán cualquier temor. Ofréz­cole este dis­cur­so del al­guacil en­de­mo­ni­ado (aunque fuera mejor y más pro­pri­amente, a los di­ab­los mis­mos): recíbale V. Ex­ce­len­cia con la hu­manidad que me hace merced, así yo vea en su casa la suc­ce­sión que tan­ta no­bleza y méri­tos pi­den.

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